Gastronomía·Recetas

Torrijas de leche y Torrijas de Vino

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La abuela Carmen no tiraba nunca nada. Ella vivió las consecuencias de una post guerra y no lo pasó muy bien. En su casa se conocía perfectamente el significado del hambre. Cuando son muchos hijos a comer, y no llega la comida, una madre inventa lo que no existe para que todos puedan ir tirando…
La abuela aprovechaba todo! Pelaba las patatas tan finas que la pela era transparente, comía toda la fruta con monda, y le encantaba la comida natural, casera, cosechada con sus propias manos.

Con la abuela aprendí a limpiar judías, grelos, nabizas, repollos, lechugas, a escoger las habas, a abrir guisantes, a mover la tierra y plantar patatas…
Tenía una finca enorme, donde plantaba de todo. Trabajaba de sol a sol por cosechar las mejores frutas, verduras y hortalizas, y por comer lo más sano posible.
A veces, mi padre se enfadaba, y decía que valía menos un saco de patatas que todo el esfuerzo y trabajo que ellos hacían en el campo. Le dolía ver como sus padres trabajaban de esa manera, tan dura, tan intensa… Con los años comprendí que la vida les enseñó así, y que era la única manera que ellos conocían de mantener una alimentación cuidada y buena, y no les faltaba razón.

La abuela no cometía excesos, ahorraba cada peseta que tenía y nunca malgastaba nada. Aunque una vez por semana, nos compraba en una confitería unas ranitas de chocolate y unos Dalkys de fresa. Era su regalo y su forma de consentirnos. Y aun hoy disfruto de ambas cosas mientras saboreo su recuerdo.
Si me portaba bien, y no lloraba o me enfadaba, la abuela me daba una onza de chocolate gordo con un trozo de pan. Otras veces me hacía huevos y patatas fritas!.

Con una abuela así, no es nada raro que en mi casa se comieran torrijas cada quince días si me descuido. El pan que sobraba se iba guardando en una bolsa hasta que teníamos el suficiente para hacer una buena cena para los cuatro. Y es que nosotros lo cocinamos como plato único, nada de postres!
Fueron tiempos bonitos. Y aunque no teníamos grandes cosas, aprendimos a valorar las más pequeñas e insignificantes, y hoy, a veces, me apena de ver a los niños llenos de juguetes, y de excesos de todo. Porque cuando las cosas escasean, las cuidas y las valoras más. Será por eso que siempre cuidé cada juguete o juego que tenía, sabiendo que si rompía ese, igual tardaban meses hasta que llegara el siguiente…

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Las torrijas son la cosa más sencilla del mundo!
Necesitamos:
-Pan del día anterior.
-Leche.
-Limón.
-2 Huevos
-Canela
-Y Azúcar si queréis. Yo no les pongo.

Se colocan las rebanadas de pan en una fuente.
Hervimos la leche, con una ramita de Canela, y la piel el limón. Sin la parte blanca, que amarga!
Echamos la leche caliente sobre el pan. Y las dejamos reposar.
Se escurren, se pasan por huevo batido y se fríen en abundante aceite.
Una vez fritas se colocan en papel de cocina absorbente para sacar los excesos de aceite. Y si queréis espolvoreadas con un poco de azúcar.

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Otra receta de torrijas de la abuela era con vino.
Necesitamos:
-1 barra de pan del día anterior.
-Vino blanco bueno
-Huevos
-Azúcar y Canela.

Se corta el pan en rebanadas, y se dejan en el vino blanco que habremos calentado primero. Luego las escurrimos colocándolas en un colador.
Se rebozan en huevo batido y se fríen.
Se colocan sobre papel absorbente de cocina, y se sirven espolvoreadas de azúcar si os gustan dulces.

Y aquí las dos propuestas de torrijas, o de como aprovechar el pan para no tener que tirarlo!

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